
El rumano es la lengua románica mayor más oriental, descendiente del latín de los colonos romanos que se asentaron en la provincia de Dacia —el actual territorio de Rumanía— tras la conquista del emperador Trajano en el año 106 d. C. A diferencia de las demás lenguas románicas, el rumano se desarrolló en relativo aislamiento al este de los Cárpatos, rodeado de poblaciones de habla eslava, turca y griega, lo que provocó numerosos préstamos de esas lenguas y algunos rasgos estructurales únicos que no se encuentran en el resto de la familia románica. La retirada de la administración romana en el año 271 d. C. no extinguió el habla latina entre la población daco-romana, que siguió evolucionando de manera continua durante la época medieval. El rumano está atestiguado por escrito por primera vez en 1521, en la llamada Carta de Neacșu, el documento más antiguo conservado escrito en esta lengua. Una importante ola de relatinización en los siglos XVIII y XIX sustituyó deliberadamente muchos préstamos eslavos por otros de origen latino y francés, lo que dio al rumano moderno un vocabulario de aspecto más marcadamente latino del que tenía siglos atrás.