
La lengua que se habla en Moldavia es lingüísticamente idéntica al rumano, y desciende del latín vulgar a través de la rama románica oriental que se desarrolló en la región danubiano-carpática tras la colonización romana de la Dacia en el siglo II d. C. La región de Besarabia —que corresponde aproximadamente a la Moldavia actual— formó parte del Principado de Moldavia desde el siglo XIV, donde floreció una tradición literaria moldava escrita en alfabeto eslavo eclesiástico antiguo antes de pasar al alfabeto latino en el siglo XIX. La ocupación soviética a partir de 1940 impuso una política de separatismo lingüístico: la lengua fue rebautizada como «moldavo», se escribió en alfabeto cirílico y se declaró oficialmente distinta del rumano con el fin de debilitar los lazos con Rumanía. Tras la independencia en 1991, Moldavia volvió a adoptar el alfabeto latino, y en 2023 se modificó la constitución para reconocer como lengua oficial el «rumano» en lugar del «moldavo». En la región separatista de Transnistria, que no está bajo el control del gobierno moldavo, el alfabeto cirílico para el «moldavo» sigue en uso oficial junto con el ruso y el ucraniano.