
El maltés ostenta una distinción singular en la lingüística mundial: es la única lengua semítica escrita con el alfabeto latino y la única lengua semítica que es idioma oficial de la Unión Europea. Sus raíces se remontan al árabe siculo, el dialecto árabe hoy extinto que se hablaba en la Sicilia y Malta bajo dominio normando entre los siglos IX y XIII. Cuando los normandos conquistaron Malta en 1091, la población de habla árabe no fue expulsada, sino que se convirtió gradualmente al cristianismo, y su lengua sobrevivió, absorbiendo oleada tras oleada de vocabulario románico del francés normando, el siciliano y el italiano a lo largo de los siglos siguientes. Cuando llegaron los Caballeros de San Juan en 1530, el maltés ya se había convertido en una lengua híbrida plenamente diferenciada. El dominio colonial británico (1800-1964) añadió una capa de inglés, y hoy en día aproximadamente el 50 % del vocabulario maltés es de origen románico (principalmente italiano y siciliano), cerca del 32 % es semítico (de origen árabe) y el resto proviene del inglés. A pesar de esta extraordinaria mezcla, la gramática maltesa, la morfología verbal y el vocabulario básico conservan una estructura fundamentalmente semítica.