
El luxemburgués se desarrolló a partir del francón mosellano, un grupo de dialectos del francón medio hablados a lo largo del río Mosela, y siguió siendo una lengua vernácula oral durante siglos, mientras el francés y el alemán servían como lenguas escritas de la administración y la educación. El país fue gobernado sucesivamente por Borgoña, España, Austria, Francia y los Países Bajos antes de convertirse en Gran Ducado en 1815 y alcanzar la plena independencia en 1867. El luxemburgués fue codificado oficialmente y reconocido como lengua nacional recién en 1984, lo que convirtió a Luxemburgo en uno de los pocos países que codificaron oficialmente una nueva lengua estándar en el siglo XX. El país funciona con un sistema trilingüe único en el que el luxemburgués es la lengua del hogar y la identidad, el alemán se usa en la educación primaria y la prensa, y el francés predomina en el derecho, el gobierno y la educación secundaria. Este trilingüismo se inculca desde la infancia, por lo que la mayoría de los luxemburgueses domina con fluidez los tres idiomas y, a menudo, también el inglés.