
El islandés es una lengua germánica septentrional descendiente del nórdico antiguo, el idioma que los colonos noruegos llevaron a Islandia durante el asentamiento de la Era Vikinga en el año 874. A diferencia de las demás lenguas escandinavas, el islandés ha experimentado sorprendentemente pocos cambios en el último milenio, por lo que los islandeses actuales pueden leer las Eddas y las sagas medievales con relativa facilidad. Este conservadurismo lingüístico se atribuye en parte al aislamiento geográfico de Islandia y a una política deliberada de purismo lingüístico, según la cual los nuevos conceptos extranjeros se expresan mediante raíces islandesas nativas en lugar de adoptar términos internacionales: la palabra para «ordenador» es «tölva», una combinación de «tala» (número) y «völva» (profetisa). Islandia prácticamente no tiene dialectos, lo que la convierte en una de las naciones lingüísticamente más homogéneas del mundo. El país mantiene una de las tasas de alfabetización más altas del mundo, estrechamente vinculada a su tradición centenaria de literatura de sagas.