
El español llegó a Chile con la expedición de Pedro de Valdivia en 1540-1541, que fundó Santiago en 1541 como centro de la administración colonial en un territorio dominado durante mucho tiempo por el pueblo mapuche, que mantuvo su independencia durante más tiempo que casi cualquier otro grupo indígena de América. El mapudungún, la lengua mapuche, resistió tan eficazmente la asimilación española que dejó un sustrato considerable en el vocabulario chileno, aportando palabras como 'guata' (barriga), 'pololo' (novio) y numerosos topónimos. El español chileno es uno de los más particulares de América Latina, caracterizado por un habla rápida, una fuerte reducción o aspiración de la /s/ final, el uso informal de 'po' (de 'pues') como partícula discursiva, y el voseo en algunos registros rurales e informales. El aislamiento geográfico impuesto por el desierto de Atacama al norte, los Andes al este y el Pacífico al oeste contribuyó a la relativa uniformidad del español chileno en comparación con países vecinos más diversos. Chile reconoce hoy también el mapudungún y el aimara como lenguas de patrimonio, y el rapa nui (Isla de Pascua) tiene estatus oficial en el territorio insular.