
El inglés australiano evolucionó a partir de la convergencia de diversos dialectos británicos e irlandeses traídos por convictos y colonos libres desde 1788 en adelante. El contacto con las lenguas aborígenes australianas aportó topónimos y términos de fauna —boomerang, kangaroo, wombat, billabong— que desde entonces se han incorporado al inglés global. En pocas generaciones surgió un acento y un vocabulario propios (arvo para 'tarde', servo para 'gasolinera'). Australia no tiene idioma oficial a nivel federal, pero el inglés funciona como lengua nacional de facto. Se calcula que existieron entre 250 y 500 lenguas distintas de los aborígenes australianos y los isleños del estrecho de Torres; de ellas, todavía se hablan entre 120 y 150, aunque muchas están en grave peligro de extinción.