
El armenio constituye su propia rama independiente dentro de la familia de lenguas indoeuropeas, sin parientes vivos cercanos. Durante mucho tiempo se clasificó erróneamente como una lengua irania o como un dialecto de otra rama, debido a los numerosos préstamos que absorbió del persa y del griego. El alfabeto armenio fue creado en el año 405 d. C. por el monje Mesrop Mashtots, específicamente para traducir la Biblia y difundir el cristianismo, y sigue en uso hoy en día con modificaciones menores. El armenio clásico (grabar) fue la lengua literaria y litúrgica durante más de un milenio, mientras que el armenio oriental moderno (hablado en Armenia) y el armenio occidental (conservado por las comunidades de la diáspora) divergieron notablemente después del siglo XIX. La lengua sobrevivió al genocidio armenio de 1915, que devastó a la población hablante de armenio occidental, y hoy funciona como un poderoso símbolo de identidad nacional y cultural.