
El español se estableció en la región del Río de la Plata con la fundación de Buenos Aires en 1536, aunque la colonización temprana fue escasa y la zona siguió siendo una frontera hasta el siglo XVIII. El dialecto rioplatense —hablado en Argentina y Uruguay— se distingue sobre todo por el uso del voseo, el pronombre de segunda persona 'vos' con sus propias formas de conjugación, un rasgo que era común en el español del Siglo de Oro pero que desapareció en la mayor parte del mundo. Las masivas oleadas de inmigración italiana entre 1880 y 1930 moldearon profundamente el acento: la característica entonación melódica del español de Buenos Aires se asemeja notablemente a la prosodia del italiano napolitano y difiere claramente del español castellano o mexicano. El lunfardo, un dialecto de argot que surgió entre las clases trabajadoras inmigrantes de Buenos Aires a comienzos del siglo XX, tomó mucho del italiano, el genovés y otras lenguas europeas, y muchos de sus términos han pasado desde entonces al español argentino de uso corriente. Hoy, los aproximadamente 45 millones de hispanohablantes de Argentina emplean una variedad reconocida internacionalmente por su distintiva pronunciación de la ll y la y como 'sh' o 'zh', y por su rica mezcla léxica de herencia indígena, italiana y española estándar.